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Archivo: Junio 2007

Avistando un equilibrio estable (parte II)

entrelasramas 14/06/2007 @ 00:37

(El cielo es aplastante, el aire pesado, los cuadros se vuelven tenebrosos. La angustia y la ansiedad sofocan dos sombras ya agotadas. Los pasos se tornan agobiantes y, si hay algo que les impulsa a seguir por el agostizo trecho, es el acto de volver la mirada hacia el otro y contemplar de manera fugaz la razón de su seguir).

     PABLO. - Este malestar me mata. No puedo contener mis reacciones ante tan mal agüero que me grita este cielo desnaturalizado. Querida mía, este gran paso va a demostrar mi desarraigo conmigo mismo y mi entrega a ti. Escasos han sido los motivos que han aplacado este afán mío de formalizar esta unión pura. Pura como tú. Pura como nuestro proceder. Sin embargo, con tristeza profunda, preciosa, debo mencionarte sobre mi temor. Un miedo injustificado, un óbice maligno que, te juro, me encoge no sólo de hombros, sino de voluntad.

     ANDREA. - (Se detiene en una estratégica esquina y observa fijamente a su acompañante, y cuestiona conturbada) ¿De qué puede tratarse, amor mío? Acaso no rompimos con todo mural escabroso fabricante de desencantos. Dímelo tú, que de hombros encogidos te encuentras, cuando yo pierdo la mirada y se dispersa su intensidad (mira hacia abajo, en un gesto enternecedor y de resignación involuntaria).

     PABLO. - ¿Por qué? ¿Por qué el cobertor nos marea? - (suelta la mano de Andrea) - ¡Qué bochornoso mal nos rodea! ¿Acaso se cumplió el plazo de amar? ¿Acaso la renuncia se transforma en nuestro postremo recurso? Quiero asegurarte, niña dulce, que nada amenguará mis fuerzas por tenerte a mi lado siempre. - (vuelve a tomarla de la mano, la mira) - Ahora, canta. Cántame e incrementa mi fortaleza, pues tú eres el impulso que necesito, la fuerza de mis logros. Endúlzame el momento y empuja mi vitalidad que requiero de ti.

(Con la fascinante compañía del rumor zonal, con un ritmo único, dice...) 

     ANDREA. - (Señalando el cielo) - Ceder ante algo que lastime y haga decaer tu voluntad indica vulnerabilidad. Y este amor, así resplandeciente, no admite nada que lo perjudique. Este amor, va más allá de este mal intencionado panorama. Fue construido con los mejores cimientos que existen. ¿Recuerdas la tarde de flores? Llegar a ver tus manos dispersas y mágicas cargando los espíritus de colores radiantes cogidos en cada esquina del camino. Los alhelíes revoltosos que quieren salir en la foto; los tulipanes y su afanosa perfecta forma que alumbra las traviesas mocedades; las petunias tan regias, todas ellas ostentando su majestuosidad y belleza; en medio de todas, la deslumbrante reina de moda, la nemorosa, combatiente, siempre, al lustre y espigado clavel. Día de ensueños, dulce y aromático, devuélveme la vida, devuelve el golpe sutil de mi querer. Haz que la sombra en silencio se disipe al ver que ya no la necesitas. Infinitas estrellas alumbran tus pasos, caminos benditos, ribetes que te dirigen hacia mí. Recompensa de los cielos, cúbreme con tu manto, cubre mis despertares y acompaña mis soledades. Alza tu pacto y haz que reluzca en nuestro corredor dual atmosférico. Los verdes nos preceden y yo, al verte, al llorarte, en flor desértica transformada, sólo para tu deleite.

     PABLO. - (Con ojos húmedos) - En llanos y alfombras multicolor, habré de transformar tu monotonía desértica. Y es que, regalo excelso me has concedido. Las indulgencias limitadas me atreveré a ofrecerte, pero más la vida, que nada importa sin ti, bella flor. Acudamos ahora, resplandeciente cielo, ahora, que contigo he de surcar.

     ANDREA. - Por tu coqueteo sagaz y eterna transparencia, seguirte es la misión. Dichosa me encontraré cuando se concrete el candor característico, mi alma.

(Un abrazo, que la luna incipiente intenta reflejar en el circundante cielo agridulce, se obsequian los compañeros; se turnan miradas, y siguen el alfombrado...)